martes 9 de junio de 2009

Preguntas mucho, chiquillo


Me suena familiar...

Desde el final de la guerra había ido saliendo adelante con diferentes trabajos de poca monta. De su trabajo de revisora, al que se dedicaba desde hacía unos cuantos años, le gustaba el uniforme y el hecho de que el paisaje fuera cambiando todo el rato y el suelo se moviera debajo de sus pies. Pero lo demás no le gustaba. No tenía familia. Tenía treinta y seis años. Todo eso me lo contó como si no fuera su vida, sino la de otra persona a la que no conocía mucho y tampoco le importaba demasiado. (Bernhard Schlink, El lector.)

... Ya deberían ponernos gorrito en Aeroméxico :)

sábado 2 de mayo de 2009

El desierto de los Tártaros

Cuando muere un anciano
arde una biblioteca.

Hace 3 años murió Ferro Gay. Luego de leernos a Carlo Levi, para las últimas semanas del semestre dejó pendiente una novela de Dino Buzzati: El desierto de los Tártaros (Il deserto dei Tartari). Debo a Editorial Gadir la fortuna de haberla hallado hace un mes en uno de los lugares que menos habría imaginado: la librería de un aeropuerto. Fortuna también que la edición lleva un prólogo de Jorge Luis Borges, quien escribió sobre la obra de Buzzati: "En estas páginas el desierto es real y es simbólico. Está vacío y el héroe espera muchedumbres".
Efectivamente, Giovanni Drogo, el protagonista, se abandona a una Fortaleza en medio de la nada, pensando que
Del desierto septentrional debía llegar su fortuna, la aventura, la hora milagrosa que al menos una vez toca a cada cual. Para aquella eventualidad vaga, que parecía volverse cada vez más incierta con el tiempo, hombres hechos y derechos consumían allí arriba la mejor parte de la vida.

Ferro murió el 2 de mayo. Aún tengo las grabaciones de sus clases. En enero, dando la introducción del curso, claramente nos advirtió que dicha novela
Representa el problema del ideal... ¿qué es lo que vale realmente en la vida? Porque uno de joven ve muchas cosas... las considera valiosas... se quiere dedicar a ellas, en el mejor de los casos, pero cuando se alcanzan o cuando se está cerca de alcanzar ve uno que todo fue inútil... y en esto también soy un testigo histórico porque mi edad lo amerita.

Así, las líneas de Buzzati, la tentadora invitación de Borges a su lectura, la desidia de Drogo, la voz de Ferro... tras todo ello se entiende que lo mejor no está más adelante. Lo mejor es lo que dejamos de hacer.

miércoles 1 de abril de 2009

Thanks mom!

How to raise a neurotic perfectionist:
Tell your child they are smart. Reward success. Punish failure. Criticize mediocrity. Watch child crash and burn when unable to get a perfect score. Thanks mom!

(Gracias Rafi, muy bueno)

jueves 26 de marzo de 2009

Libritos, que no saben que yo existo...


Hoy acomodé los pocos libritos que la vida de azafata me ha dejado leer (más bien, releer). Ya no quiero sentirme obsoleta. Mi conducta obsesiva me tiene que llevar a organizar el tiempo para leer más. Qué importa si después de impregnarme de La República tengo que alistarme para ir a servirle cacahuates y escocés a uno de nuestros diputados o soportar el machismo de los aviadores. Basta, ya no voy a dejar que el orgullo me gane. Si no hay oportunidades y el sistema es una mierda, si el machismo no se va a acabar el día de mañana, si los ratas van a seguir siendo ratas; no es algo que esté en mis manos reparar... O bueno, bueno, bueno, quizás sea un proceso de a cachitos, pero ya no pienso lamentarme por no haber nacido cuando la revolución y las ganas se hallaban, al menos, en boca de todos. Decidido: el tiempo que ya no invierto en F, se va a ir en libros. Lo que sigue es mi ecoaldea.

sábado 13 de diciembre de 2008

El jorobado


Uno aprende a querer lo aviones. A veces muerden, a veces magullan, a veces respiran, a veces resongan y se "echan", a veces se mueven como si fueran de papel. Otras veces el avión le gana a los aviadores. Pero cuando son una segunda casa, uno aprende a entenderlos (no tanto como quisiera) y se llega incluso a encariñar con ellos. Distinguir unos de otros se vuelve un reto. El aliado es el avión, el enemigo son las manos de estómago de los pasajeros. "Señor, no golpée la sombrerera, por favor". "Su equipaje está muy grande". "Esa luz de lectura no se mueve, encienda la de su lado". "La mesita no es para llevar a casa". "Esos respaldos no reclinan porque obstruirían su salida de emergencia". "No derrame líquidos, por favor". "Apague el celular, puede afectar los sistemas de navegación". "El vómito va en las bolsitas de mareo". "Qué terquedad de 'resetearlo' y 'resetearlo', me duele como si fuera yo la computadora".

Y uno que estaba peleado con el mundo de las comunicaciones, aprende a reconciliarse. Borges confesaba: "Soy ignorante respecto de las cosas más elementales; puedo utilizar un teléfono o tomar un auto, pero no tengo ninguna idea, ninguna noción sobre la manera en que se fabrican o funcionan" (Borges ante el espejo); mientras Ferro reprochaba: "La sociedad tecnocrática ha devorado todos los sistemas y ha sustituido al hombre con la máquina, no en el sentido de que ésta pueda hacer mejor las cosas, sino porque se han reducido todas las cosas a lo que la máquina puede hacer" (Lo divino en lo humano). Siempre compartí la ignorancia de Borges y el reproche de Ferro. Siempre me sentí un parásito tecnológicamente hablando, y sólo cuando decidí involucrarme en el aeromundo fue que entendí bien a bien qué tiene que pasar para que un vehículo más pesado que el aire, vuele. Pero no es sino hasta que uno ama a quien entiende paso por paso cómo hacer un avión, que el encanto crece día tras día. F trabaja integrando avioncitos. A cada oportunidad, me acerco a la cabina de mando, escucho las alarmas cuando los pilotos están haciendo sus pruebas, y eso me basta para sacarme una sonrisa de oreja a oreja.

La misma sonrisa que tuve al recibir esta foto. Un 747 (Jumbo) de noche... con su lámpara natural. Parece un animal durmiendo. Yo le digo "El Jorobado" porque donde termina su segundo piso, justo ahí el fuselaje adquiere forma de camello. Sus cuatro motores... su enormidad... sus puertas... sus tripulaciones cuando es el caso de British... No que no quiera al Embraer 190 de Aeroméxico o a mis mosquitos... pero frente al Jumbo podría pasarme las horas contemplándolo... y reconciliándome.

lunes 20 de octubre de 2008

Curioso

"Cada cosa era infinitas cosas... Vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte... vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré..." Borges.

Nunca me gustaron los ingenieros. Entre mi yo pendante y sus yo cuadrados jamás pensé que resultaría en algo tan bueno como lo que hoy es F.
Tampoco me gustaba caminar con el frío en la cara, y desde niña interioricé un aborrecimiento hacia las ciudades gringas. Ahora en cambio me encanta sentir helada la nariz en la Ciudad de los Vientos mientras busco, como Jaromir Hladík, un milagro secreto...

...¿O será que todo es por F?

lunes 6 de octubre de 2008

Recordar no es volver a vivir


No ví mi vida en 10 segundos. Quizás porque fueron menos de 10 segundos. Sólo sentí el estómago en la garganta mientras descendíamos y pensé en que no iba a poder cuidar a 2 niñas que iban solas como pasajeras y seguro estarían asustadas (cosa rara tomando en cuenta que nunca he sentido afinidad por los niños). No pensé en la frontera. No pensé en mi abuela que no lleva un año muerta, ni en lo mucho que de niña disfrutaba estar en su casa, antes de que se enfermara. No pensé en mi abuelo ni en su forma de patear el piso cuando lo hacíamos trinar. No pensé en mi hermana y sus colecciones de muertos. Tampoco en la paciencia de mi mamá cuando me dejaba charolas llenas de uvas y no hacía ruido para que yo pudiera estudiar y convertirme así en historiadora; o en mi papá atravesando la Tarahumara buscando qué fotografiar. No pensé en Fer ni en los últimos 2 años que he gastado esperándolo. Ni siquiera pensé en Federico Ferro Gay o en su voz que tanto he extrañado. No pensé en el brasileño al que ya no veré más. No pensé en el hoyo inmenso del cual México no va a salir. No pensé en la angustia de quedarme desempleada por los costos de la turbosina o por disparar un tobogán. No pensé en el machismo que va implícito en mi trabajo, ni en mi complicidad. No pensé en cómo será el día que me deje de pendejadas para retomar la escuela. No pensé en Alba ni en su amistad incondicional. No recordé la tarde que recién pasé en Monte Albán, preguntándome si ese espectáculo de ruinas, hermoso espectáculo, no sería sino un invento más del Estado mexicano para hundirnos en su nacionalismo de mierda. Tampoco pensé en aquél a quien le acababa de externar esa duda y preocupación, quizás porque nunca respondió. No me vinieron a la mente mis líneas favoritas de Borges. No recordé el abrazo de una de las mujeres más inteligentes que haya conocido, ni sus palabras. No pensé en Carlos, Ricardo o Sócrates. No vi los ojos de Cato. No pensé en lo mucho que me gusta estar echada frente al mar o en una de las muchas veces en que manejaba casi de madrugada por el bordo del Río Bravo, viendo el amanecer. No había música de fondo para escuchar a Sigur Rós. No me acordé de mi fruta o color favoritos. No pensé en cuánto me gusta ir en el avión, sobrevolando el Popo. Tantas y tantas cosas que no pude recordar... En fin, que no pensé cómo sería todo cuando dejara de estar. Si eso es la muerte, debe ser deliciosa. Luego, cuando todo pasó y volví a pisar tierra firme, entonces ya pensé: "Carajo, más de 23 años y no pude recordar un solo momento solemne. Es hora de trabajar en ello."